15 abr. 2009

Cursos de Estados Unidos 2009

El trabajo con adolescentes de los Estados Unidos ha sido enriquecedor y lleno de momentos memorables. Al inicio son aquellos rostros con expresión sorprendida, angustiada y expectante que descienden de un avión para subirse a un bus con tres desconocidos. El conductor del bus y los dos instructores mencionan sus nombres y alguna información anecdótica sobre el recorrido, pero la abstracción en el paisaje es absoluta. Los ojos de nuestros nuevos compañeros de viaje devoran todo el paisaje y sus sentidos están perceptivos.

La experiencia está cargada de enseñanzas, juegos, retos, reglas, protocolos, viajes y aventuras en un lugar que casi siempre es nuevo para todos. El primer contacto con el bosque se hace por los cristales de nuestro transporte, al cruzar el Parque Nacional Braulio Carrillo. Los jóvenes se maravillan con hojas que son usadas como sombrillas, helechos arborescentes y lluvia horizontal. Un recorrido por los clásicos musicales de las últimas tres décadas arrulla nuestras conversaciones entre el bus, hasta llegar al muelle en donde empezamos el recorrido a través de los canales. Una vez en la reserva se ha dejado atrás la timidez y todos compartimos el entusiasmo por las caminatas nocturnas por la playa.

En este momento es cuando la sagacidad, picardía y carácter de los adolescentes se expresa al máximo. Aquellas características culturales se manifiestan, los temores se enfrentan y los lazos de amistad naciente se fortalecen. La complicidad de la noche favorece la camaradería y la buena energía de las Baulas afloran la sensibilidad de todos los caminantes. Durante la estadía en la Reserva Pacuare los instructores vemos como nuestros amigos “gringos” se desenvuelven en la selva húmeda tropical mientras reflexionan sobre aspectos culturales, de consumo, ecología y globalidad. Los retos a los que estamos expuestos aumentan su intensidad y nos permiten fortalecer vínculos de confianza. Con el ánimo cargado de energía dejamos la playa para internarnos en la Estación Biológica La Suerte.

Con algunas comodidades más empezamos un periodo de apropiación de nuestra condición de ciudadanos del mundo. Entablamos conversatorios en los cuales los jóvenes exponen sus pensamientos, valores e ideales, con actividades como la reforestación, los juegos de desarrollo sostenible y el intercambio cultural con la clásica “mejenga” tica. Para este momento la familiaridad y compañerismo acompañan cada momento de nuestros días y vamos fortaleciendo vínculos de amistad.
Nuestros últimos recorridos en bus están cargados de emoción, aventura y riesgo. Todo se inicia con una visita a un colegio de Costa Rica, donde se realiza un intercambio cultural lleno de juegos, presentaciones y nuevas amistades. Esta es una de las actividades más emotivas de la experiencia, al final todos estamos cargados de alegría. Este entusiasmo es aprovechado en nuestra aventura extrema, el rafting en los rápidos del río Pacuare. Para este momento la última etapa está muy cerca y la emotividad se manifiesta en una ceremonia de clausura con cena, diplomas y muchos recuerdos para la vida.

Al final son los mismos rostros del principio, pero con expresión de satisfacción, nostalgia y felicidad, que se llevan una parte de nosotros y la conciencia de la necesidad de tener un rol más activo en la conservación de nuestro planeta.
Rodrigo Villate y Sofia Rodríguez

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